El enfoque de la Dieta Autoinmune es completamente diferente a la prescripción convencional de medicamentos que parece ser el único tratamiento a considerar -erróneo todo sea dicho- para este tipo de condiciones. En lugar de simplemente tratar los síntomas, necesitamos centrarnos en abordar las causas subyacentes de las enfermedades autoinmunes y promover la reversión efectiva. En este artículo quiero traerte las visiones, los tips y el planteamiento que cada vez adquiere más presencia en las consultas y con los mejores objetivos.
El amplio espectro de dietas autoinmunes se basan en la premisa de que ciertos alimentos pueden desencadenar una respuesta inflamatoria en el cuerpo, lo que puede empeorar los síntomas de las enfermedades de este tipo. Al eliminar estos alimentos desencadenantes y seguir una dieta nutricionalmente equilibrada y densa, se espera reducir la inflamación, mejorar la función del sistema inmunológico y aliviar los síntomas.
A diferencia de las prescripciones de medicamentos, no tiene por qué tener efectos secundarios dañinos. Por el contrario, al enfocarse en en alimentos saludables y nutrientes que pueden ayudar a fortalecer el cuerpo fuerzan la promoción de el control o la reversión de las condiciones.
Pero debemos visualizar los abordajes como una suma de 3 factores básicos bajo un objetivo común, buscar un Estilo de Vida que orbite alrededor de la alimentación, los hábitos y la actividad física.
Estos aspectos adicionales pueden tener un impacto positivo en la salud general y en el manejo de las enfermedades.
Que son
Una enfermedad autoinmune es una afección en la cual el sistema inmunológico del cuerpo ataca por error y daña tejidos y órganos sanos. En condiciones normales, el sistema inmunológico protege al cuerpo de sustancias extrañas y patógenos, pero en las enfermedades autoinmunes en particular, el sistema inmunológico confunde las células y tejidos del propio cuerpo como invasores y los ataca.
De una manera fácil de comprender se trata de una serie de condiciones en las cuales el sistema inmunológico del cuerpo ataca erróneamente sus propios tejidos sanos. Pueden afectar una amplia gama de órganos y sistemas en el cuerpo y manifestarse con diversos síntomas. Hay alrededor de 80 enfermedades autoinmunes conocidas, y en muchos casos, los síntomas pueden variar significativamente de una persona a otra.
Cuando se trata de enfermedades autoinmunes, se ha observado que algunos alimentos pueden desencadenar una respuesta inflamatoria en el cuerpo, lo que empeora los síntomas. Los alimentos más comúnmente asociados con sensibilidades e intolerancias en personas con enfermedades autoinmunes incluyen los cereales, en particular el gluten, algunos lácteos, los huevos y las nueces.
Además de los factores alimentarios, otros desencadenantes de las enfermedades autoinmunes pueden incluir infecciones, predisposición genética y factores de estilo de vida. Aunque no podemos cambiar nuestra predisposición genética, sí podemos hacer cambios en nuestros hábitos de vida, comenzando con la nutrición, para apoyar la salud y el manejo de las enfermedades autoinmunes.
¿Por qué aparecen las Enfermedades Autoinmunes?
Las enfermedades autoinmunes como ya has leído, ocurren cuando el sistema inmunológico, que normalmente protege al cuerpo contra sustancias dañinas, comienza a atacar erróneamente los tejidos sanos del propio cuerpo. Aunque no se comprende completamente por qué ocurren estas enfermedades, se cree que hay varios factores que pueden contribuir a su aparición:
- Predisposición genética: Existe evidencia de que ciertos genes pueden aumentar la susceptibilidad a desarrollar enfermedades autoinmunes. Algunas personas pueden heredar una predisposición genética que las hace más propensas a tener una respuesta inmunológica desregulada.
- Factores ambientales: Se cree que los factores ambientales, como las infecciones virales o bacterianas, la exposición a ciertos productos químicos o toxinas, y el estrés, pueden desencadenar la aparición de enfermedades autoinmunes en personas genéticamente susceptibles.
- Disfunción del sistema inmunológico: En las enfermedades autoinmunes, el sistema inmunológico no funciona correctamente y no puede distinguir entre las células y tejidos propios y los invasores externos. Esto puede deberse a una regulación defectuosa de las células del sistema inmunológico, como los linfocitos, o a una producción excesiva de autoanticuerpos.
Algunos ejemplos de enfermedades autoinmunes:
- Artritis reumatoide: Una enfermedad en la que el sistema inmunológico ataca las articulaciones, causando dolor, inflamación y daño articular.
- Lupus eritematoso sistémico: Una enfermedad autoinmune que puede afectar varios órganos y sistemas en el cuerpo, como la piel, las articulaciones, los riñones, el corazón y el cerebro.
- Enfermedad celíaca: Una enfermedad en la cual el sistema inmunológico reacciona de manera anormal al gluten, una proteína presente en el trigo, la cebada y el centeno, dañando el revestimiento del intestino delgado.
- Diabetes tipo 1: Una enfermedad autoinmune en la cual el sistema inmunológico destruye las células productoras de insulina en el páncreas, lo que resulta en niveles elevados de azúcar en la sangre e hipoglucemias continuadas.
- Esclerosis múltiple: Una enfermedad autoinmune que afecta el sistema nervioso central, causando inflamación y daño en la mielina que recubre las fibras nerviosas.
Algunas Sintomatologías Comunes
Los síntomas de las enfermedades autoinmunes pueden variar ampliamente dependiendo de la enfermedad específica y los órganos o tejidos afectados. Aunque estos síntomas pueden ser indicativos de una disfunción autoinmune, es importante tener en cuenta que también pueden ser causados por otras condiciones médicas y eso es básico comprenderlo.
- Cambios de humor: Experimentar cambios de humor, como depresión, ansiedad o irritabilidad, que pueden ser consecuencia de la disfunción del sistema inmunológico y los efectos en el equilibrio químico del cerebro.
- Fatiga: Sentirse constantemente cansado o sin energía, incluso después de descansar adecuadamente.
- Dolor y rigidez en las articulaciones: Sentir dolor, inflamación o rigidez en las articulaciones, lo cual puede dificultar el movimiento y provocar limitaciones físicas.
- Erupción cutánea: Desarrollar erupciones cutáneas, enrojecimiento o cambios en la piel, que pueden ser localizados o extenderse por todo el cuerpo.
- Fiebre recurrente: Experimentar episodios frecuentes de fiebre sin una causa aparente, que pueden ser intermitentes o persistentes.
- Dolor o malestar abdominal: Experimentar dolor o molestias en el área abdominal, que pueden estar asociados con problemas gastrointestinales, como el síndrome del intestino irritable.
- Anemia o cualquier deficiencia conocida de vitaminas o minerales: Presentar una disminución en los niveles de glóbulos rojos en la sangre (anemia) o deficiencias conocidas de vitaminas y minerales, lo cual puede afectar la salud en general.
Predisposición Genética
Las personas que tienen mutaciones en el gen MTHFR tienen una capacidad reducida para producir glutatión, que es un antioxidante clave para la desintoxicación y la modulación del sistema inmunológico. Estas personas tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades inflamatorias crónicas o autoinmunes. Para apoyar la metilación y compensar esta deficiencia, se requieren nutrientes adicionales como metilfolato, metil-B12, zinc, magnesio, riboflavina (vitamina B2) y vitamina B-6.
Las vitaminas del complejo B, como el folato, la vitamina B-6 y la vitamina B-12, tienen propiedades antioxidantes y desempeñan un papel importante en la metilación, un proceso esencial para el funcionamiento adecuado del cuerpo.
Se ha observado que la vitamina B-6 inhibe la absorción de material extraño por parte de los macrófagos, que son células del sistema inmunológico. Esto puede ser beneficioso en enfermedades autoinmunes, donde el sistema inmunológico ataca incorrectamente a los tejidos propios del cuerpo. Además, la deficiencia de vitamina B-6 se ha relacionado con una mayor sensibilidad a los oxalatos presentes en algunos alimentos.
Qué es el gen MTHFR:
El gen MTHFR, que significa «Metilentetrahidrofolato Reductasa», es un gen humano que juega un papel importante en el proceso de metilación en nuestro cuerpo. La metilación es una reacción química esencial que ocurre en nuestras células y ayuda a regular la actividad de nuestros genes, así como otros procesos importantes en nuestro cuerpo.
El gen MTHFR contiene instrucciones para producir una enzima llamada metilentetrahidrofolato reductasa. Esta enzima está involucrada en la conversión de una forma de folato, una vitamina B, en una forma activa llamada metilfolato. El metilfolato es necesario para muchas reacciones bioquímicas en el cuerpo, incluida la síntesis de ADN, la producción de neurotransmisores y la eliminación de toxinas.
Algunas personas pueden tener variaciones genéticas en el gen MTHFR, lo que puede afectar la función de la enzima MTHFR y la capacidad de convertir el folato en metilfolato de manera eficiente. Estas variaciones genéticas se llaman polimorfismos. El polimorfismo más común y estudiado en el gen MTHFR es el polimorfismo C677T.
Dependiendo de la variación genética presente, algunas personas pueden tener una capacidad reducida para convertir el folato en metilfolato. Esto puede llevar a niveles más bajos de metilfolato en el cuerpo y afectar negativamente la metilación y otros procesos importantes.
Las variaciones en el gen MTHFR y los niveles de metilfolato pueden estar asociados con diferentes condiciones de salud, como enfermedades cardiovasculares, trastornos del estado de ánimo, problemas de fertilidad y enfermedades autoinmunes.
La deficiencia de MTHFR se debe a mutaciones en el gen que codifica la proteína enzimática MTHFR. Estas mutaciones alteran la estructura y función de la proteína. La falta de actividad enzimática conduce a la acumulación de homocisteína en plasma, orina y tejidos.
El polimorfismo específico (677C>T) en el gen MTHFR causa una variante termolábil de la enzima, lo que resulta en una deficiencia parcial de su actividad y una leve hiperhomocisteinemia (niveles elevados de homocisteina) en casos de bajos niveles de folato.
Estos nutrientes ayudan a garantizar una metilación adecuada, un proceso que regula la expresión génica, el metabolismo de los neurotransmisores y otros procesos esenciales para la salud. Al proporcionar estos nutrientes adicionales, se puede respaldar el sistema inmunológico y reducir el riesgo de enfermedades autoinmunes o inflamatorias crónicas.
Existen diversas predisposiciones genéticas que pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades autoinmunes. Estas predisposiciones genéticas no significan necesariamente que una persona desarrollará una enfermedad autoinmune, pero pueden aumentar su susceptibilidad. Algunos ejemplos de predisposiciones genéticas y las razones por las que ocurren son:
- HLA (antígenos leucocitarios humanos): Los genes del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC), también conocidos como antígenos leucocitarios humanos (HLA), están implicados en la regulación del sistema inmunológico. Variaciones en los genes HLA pueden influir en la forma en que el sistema inmunológico reconoce y responde a los antígenos. Estas variaciones genéticas están asociadas con un mayor riesgo de enfermedades autoinmunes como la enfermedad celíaca, la artritis reumatoide y la esclerosis múltiple.
- Genes del sistema del complemento: El sistema del complemento es una parte clave del sistema inmunológico que ayuda a eliminar los antígenos y los desechos celulares. Mutaciones en genes que codifican proteínas del sistema del complemento pueden predisponer a una persona a enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico y la glomerulonefritis.
- Genes del receptor de células T: Los receptores de células T son responsables de reconocer y unirse a antígenos específicos. Variaciones genéticas en los genes que codifican los receptores de células T pueden afectar su capacidad para reconocer y responder adecuadamente a los antígenos extraños. Estas variaciones están asociadas con enfermedades autoinmunes como la enfermedad inflamatoria intestinal y la esclerosis múltiple.
- Genes de citocinas: Las citocinas son proteínas que regulan la respuesta inmunológica y la comunicación entre las células del sistema inmunológico. Variaciones genéticas en los genes que codifican citocinas y sus receptores pueden afectar la producción y la función de estas proteínas. Esto puede contribuir a la predisposición genética a enfermedades autoinmunes como la enfermedad de Crohn y el lupus eritematoso sistémico.
Factores Ambientales
¿Sabes cuales son algunos de los factores Ambientales que se han asociado con un mayor riesgo de enfermedades autoinmunes?
Exposición a toxinas y sustancias químicas: La exposición a productos químicos tóxicos en el entorno, como metales pesados, pesticidas, solventes industriales y productos químicos en el hogar, se ha relacionado con un mayor riesgo.
Infecciones virales y bacterianas: Algunas infecciones virales y bacterianas se han asociado con el desarrollo de enfermedades autoinmunes como por ejemplo la infección por el virus Epstein-Barr, la bacteria Borrelia burgdorferi (causante de la enfermedad de Lyme) y el virus de la hepatitis C.
Estrés crónico: El estrés prolongado y crónico puede afectar negativamente el sistema inmunológico y aumentar la susceptibilidad a estas enfermedades. El estrés puede desencadenar una respuesta inflamatoria y afectar la regulación del sistema inmunológico.
Exposición a la radiación: La exposición a la radiación ionizante, como los rayos X o la radioterapia, se ha relacionado también con un mayor riesgo de enfermedades autoinmunes.
Cambios hormonales: Los cambios hormonales, como los que ocurren durante el embarazo o la menopausia, pueden afectar la respuesta inmunológica y aumentar el riesgo de enfermedades autoinmunes. Ojo con los Disruptores Endocrinos.
Exposición a metales pesados: La exposición a metales pesados como el mercurio, el plomo y el cadmio se ha relacionado con el desarrollo de enfermedades autoinmunes.
Exposición a productos químicos en cosméticos y productos de cuidado personal: Algunos productos cosméticos y de cuidado personal contienen sustancias químicas que pueden desencadenar respuestas autoinmunes en personas susceptibles. De nuevo, ojo con los Disruptores Endocrinos.
Ahondando un poco más en el entorno de las toxinas ambientales:
Las enfermedades autoinmunes pueden estar influenciadas por la exposición a toxinas ambientales.
Mercurio: Este metal pesado presente en ciertos mariscos y amalgamas dentales puede desencadenar la autoinmunidad al afectar la expresión de los genes del sistema inmunológico.
BPA (bisfenol A): Un plastificante comúnmente encontrado en los recibos de las cajas registradoras y en los recipientes de plástico para alimentos. El BPA puede causar autoinmunidad al alterar la señalización de los estrógenos, interrumpir las vías de desintoxicación y activar los macrófagos.
Ftalatos: Otro grupo de plastificantes presentes en productos como plásticos, cosméticos y fragancias. Los ftalatos pueden iniciar la autoinmunidad tiroidea al aumentar el estrés oxidativo en el cuerpo.
Solventes orgánicos: Estos productos químicos, presentes en productos de limpieza en seco, diluyentes de pintura, quitaesmaltes y detergentes, pueden aumentar el riesgo de enfermedades autoinmunes al causar inflamación y daño a los tejidos.
Disfunción Inmune
El sistema inmunológico desempeña un papel crucial en la protección del cuerpo contra agentes extraños y dañinos. Los anticuerpos, producidos por el sistema inmunológico, son responsables de reconocer y eliminar estos invasores, conocidos como antígenos, que representan una posible amenaza para el organismo. Una vez que los anticuerpos identifican a los antígenos como invasores, activan una respuesta inmunológica que alerta a otras células para que los ataquen y los eliminen de manera eficiente.
Sin embargo, en algunas circunstancias, el sistema inmunológico puede confundir compuestos normales del cuerpo con antígenos nocivos, como ocurre en ciertas enfermedades autoinmunes. Cuando esto sucede, los mecanismos de defensa del sistema inmunológico mantienen al organismo en un estado crónico de inflamación. Esta inflamación persistente puede desencadenar una cascada de efectos fisiológicos destructivos que potencialmente conducen al crecimiento anormal de tejidos o a la disfunción de los órganos.
Un ejemplo de esta confusión ocurre en personas sensibles al gluten, donde el sistema inmunológico reacciona de manera exagerada a esta proteína presente en el trigo, la cebada y el centeno. En lugar de reconocer el gluten como una sustancia inocua, el sistema inmunológico lo identifica como un antígeno dañino y desencadena una respuesta inflamatoria crónica. Esta inflamación constante puede provocar daño en los tejidos y órganos, y en algunos casos, puede contribuir al desarrollo de enfermedades autoinmunes como la enfermedad celíaca.
Debes tener en cuanta que los mecanismos precisos que desencadenan la confusión del sistema inmunológico en las enfermedades autoinmunes aún no se comprenden por completo. La genética, los factores ambientales y otros elementos pueden desempeñar un papel en este proceso. El estudio y la comprensión de estas condiciones continúan siendo objeto de investigación en el campo de la inmunología y la medicina.
Por tanto, el sistema inmunológico es responsable de reconocer y eliminar agentes extraños y dañinos en el cuerpo. Sin embargo, en las enfermedades autoinmunes, puede haber una confusión en la respuesta inmunológica, lo que lleva a la inflamación crónica y posibles consecuencias negativas para los tejidos y órganos. Comprender estos mecanismos es esencial para el diagnóstico y tratamiento adecuados de las enfermedades autoinmunes.
Herramientas con Evidencia para Tratar y Ayudar a Tratar Condiciones Autoinmunes
Alimentos Antioxidantes y Capacidad Antioxidante del Organismo
Se ha teorizado que aumentar la ingesta de antioxidantes puede reducir el estrés oxidativo, lo que a su vez está relacionado directamente con la disminución de las enfermedades autoinmunes, la inflamación cronificada y el posterior desarrollo de enfermedades.
Los antioxidantes desempeñan un papel importante en la protección del cerebro contra el estrés oxidativo, que puede causar envejecimiento y pérdida de la función cognitiva. Y aquí es donde la manutención de un balance correcto en el eje intestino-cerebro es crucial. Mantener una interacción saludable entre ambos ayudará a prevenir el envejecimiento temprano.
Algunas vitaminas actúan como antioxidantes y poseen propiedades antiinflamatorias que pueden inhibir la actividad de las citoquinas en enfermedades autoinmunes, las cuales son moléculas que envían señales a las células para desencadenar una respuesta inflamatoria.
Vitaminas que pueden actuar como antioxidantes:
-Vitamina C (ácido ascórbico): Es un poderoso antioxidante soluble en agua que ayuda a proteger las células del estrés oxidativo. si basas tu alimentación en abordaje omnívoro, vas a encontrarlos en cítricos, fresas, kiwis, pimientos y brócoli.
-Vitamina E: Es un antioxidante liposoluble que ayuda a proteger las membranas celulares del daño oxidativo. Se encuentra en alimentos como el aceite de oliva, nueces, semillas y aguacates o si eres más carnívoro lo encuentras presente en huevas de pescado, ternera o incluso salmón.
-Vitamina A: Actúa como antioxidante y te ayuda a proteger las células de los radicales libres. No hay mejor opción que el hígado de animales alimentados en pasto.
-Vitamina D: Además de su papel en la salud ósea, la vitamina D también puede tener propiedades antioxidantes. Se sintetiza en la piel mediante la exposición solar y también se encuentra en algunos alimentos, como pescados grasos.
-Vitamina B2 (riboflavina): Es una vitamina que actúa como coenzima en varias reacciones antioxidantes en el cuerpo. Se encuentra en alimentos como lácteos, hígado, huevos y vegetales de hoja verde.
Salud Intestinal y Microbiota
Para promover reducir el riesgo de enfermedades autoinmunes, es importante tener en cuenta el papel crucial que desempeña el intestino en el sistema inmunológico. El tracto gastrointestinal alberga una gran cantidad de células inmunitarias y puede ser un lugar donde se activan las células T, que son esenciales para la respuesta inmunológica.
Los alimentos que contribuyen a la inflamación crónica en el intestino pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades autoinmunes. Cuando la permeabilidad intestinal aumenta, los alérgenos alimentarios pueden cruzar la barrera intestinal y estimular la producción de anticuerpos. Estos anticuerpos específicos activan las células T, lo que provoca una inflamación crónica en los intestinos. Además, estas células también pueden liberarse en tejidos cercanos y en la sangre, lo que afectará todo el cuerpo. Esto puede dar lugar a síntomas como reacciones alérgicas cutáneas, cansancio, niebla mental, fatiga, rigidez muscular y algunas otras-
La respuesta autoinmune crónica y la disminución de la salud intestinal aumentan la susceptibilidad a desarrollar múltiples enfermedades autoinmunes. Se ha observado que aproximadamente el 30% de los pacientes con enfermedad celíaca también sufren de otra enfermedad autoinmune o problemas relacionados, como el síndrome del intestino irritable.
¿Como promover esas salud intestinal indispensable para así reducir el riesgo de la aparición de enfermedades autoinmunes o controlarse una vez hayan aparecido?
Se pueden tomar medidas como seguir una dieta antiinflamatoria y rica en nutrientes, evitar ultraprocesados, carbohidratos refinados, aceites de semillas y azúcar, reducir el estrés, dormir lo suficiente y mantener un estilo de vida saludable en general apostando por el ejercicio físico.
Ácidos Grasos Omega 3
La relación entre los ácidos grasos omega-3 y la inflamación ha sido objeto de numerosos estudios científicos. Se ha observado que en la dieta promedio actual, hay un desequilibrio entre los ácidos grasos omega-3 y los omega-6, con una mayor proporción de omega-6. Esto puede contribuir a un aumento de las moléculas que desencadenan la inflamación en el cuerpo.
Los ácidos grasos omega-3, presentes en alimentos como el pescado graso (salmón, sardinas, etc.), las nueces y las semillas de lino, se han asociado con efectos antiinflamatorios. Estos ácidos grasos pueden ayudar a reducir la inflamación en el cuerpo al suprimir la producción de ciertos compuestos inflamatorios y mejorar las vías de señalización celular que causan la inflamación.
En el contexto de enfermedades autoinmunes, se ha observado que los suplementos de aceite de pescado, rico en ácidos grasos omega-3, pueden tener beneficios significativos en la reducción de los síntomas. Por ejemplo, en pacientes con artritis reumatoide, se ha encontrado una disminución del uso de medicamentos farmacológicos en un 73%. Además, en pacientes con enfermedad de Crohn, se ha observado una disminución en la tasa de recaídas en un 60%.
Estos resultados sugieren que los ácidos grasos omega-3 pueden ayudar a modular la respuesta inflamatoria del sistema inmunológico. Al suprimir la producción de anticuerpos y mejorar las vías de señalización celular, pueden contribuir a una reducción de la inflamación en el cuerpo.
Reduce/Evita las Solanáceas
Algunas personas con problemas autoinmunes pueden beneficiarse de evitar las solanáceas, que incluyen alimentos como el tomate, la patata blanca y los diferentes tipos de pimientos. Estos alimentos pueden contribuir al depósito de calcio en los tejidos, lo cual puede desencadenar una inflamación crónica y tener efectos adversos en la salud.
El daño a órganos como los riñones y el hígado puede ser un factor desencadenante de enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide y la diabetes. No todas las personas reaccionan negativamente a las solanáceas, pero muchas personas con problemas autoinmunes encuentran que evitar estos alimentos les ayuda a mejorar su respuesta inmunológica.
Los mecanismos exactos por los cuales las solanáceas pueden afectar negativamente a algunas personas con problemas autoinmunes aún no están completamente claros y -otra vez- requieren más investigación.
Pero lo que si sabemos es que a día de hoy las posibles explicaciones tienen un peso sustancial así:
Alcaloides tóxicos: Las solanáceas contienen alcaloides naturales, como la solanina y la capsaicina, que pueden tener efectos tóxicos en el cuerpo. Estos compuestos pueden irritar el tejido intestinal y desencadenar una respuesta inflamatoria en algunas personas, lo que puede empeorar los síntomas autoinmunes.
Lectinas y proteínas: Las solanáceas también contienen lectinas y otras proteínas que pueden desencadenar una respuesta inmunológica exagerada en ciertas personas, especialmente aquellas con mayor susceptibilidad genética o predisposición a enfermedades autoinmunes.
Mimicry molecular o Mimetismo Molecular: Se ha planteado la hipótesis de que las proteínas presentes en las solanáceas pueden tener una estructura similar a las proteínas del propio cuerpo, lo que puede llevar a una confusión en el sistema inmunológico y desencadenar una respuesta autoinmune dirigida tanto a las proteínas de las solanáceas como a las proteínas del cuerpo.
Cambio de Paradigma Nutricional
Compra orgánico: Opta por alimentos orgánicos siempre que sea posible. Los alimentos orgánicos están libres de pesticidas y otros productos químicos tóxicos que pueden dañar la salud intestinal y desencadenar respuestas autoinmunes no saludables.
Bebe agua purificada: Asegúrate de consumir agua purificada para evitar contaminantes como metales pesados y productos químicos que pueden afectar negativamente el sistema inmunológico.
Cambia a tés orgánicos: Considera reemplazar el café con tés orgánicos como el té verde o los tés de hierbas. Los tés orgánicos pueden ofrecer beneficios para la salud y son una alternativa más suave para el sistema inmunológico.
Toma probióticos y prebióticos: Incorpora probióticos y prebióticos en tu dieta diaria para promover una microflora intestinal saludable. Estos pueden ayudar a fortalecer el sistema inmunológico y mejorar la salud digestiva.
Elimina los azúcares refinados: Reduce o elimina los azúcares refinados, ya que pueden causar inflamación y desequilibrar el sistema inmunológico. En su lugar, aumenta la variedad de frutas y verduras para obtener antioxidantes y ayudar a desintoxicar el cuerpo de irritantes.
Cambia los aceites vegetales industriales: Opta por aceites saludables como el aceite de coco orgánico prensado en frío o el aceite de oliva virgen extra. Estos aceites pueden proporcionar grasas saludables que son beneficiosas para la salud y pueden apoyar la respuesta inmunológica adecuada.
Evita los alimentos procesados: Evita los alimentos que contienen edulcorantes artificiales, colorantes alimentarios sintéticos y conservantes. Estos productos químicos pueden dañar la salud intestinal y aumentar el riesgo de respuestas autoinmunes no deseadas.
Ejercicio Físico
El ejercicio regular, incluyendo la fuerza, el HIIT y el entrenamiento en la Zona 2, puede proporcionar numerosos beneficios para la salud en general.
El ejercicio de fuerza, como el levantamiento de pesas o el uso de máquinas de resistencia, ayuda a fortalecer y desarrollar los músculos, lo que puede mejorar la resistencia, la estabilidad y la capacidad funcional. También puede ayudar a mantener la densidad ósea y prevenir la pérdida muscular asociada con el envejecimiento.
El HIIT (entrenamiento de alta intensidad por intervalos) implica alternar rápidamente entre períodos de actividad intensa y períodos de descanso o recuperación. Este tipo de ejercicio aumenta la frecuencia cardíaca y mejora la resistencia cardiovascular, lo que puede aumentar la capacidad aeróbica y mejorar la quema de calorías.
El entrenamiento en la Zona 2 se refiere a ejercicios de intensidad moderada donde puedes mantener una conversación mientras te ejercitas. Este tipo de entrenamiento ayuda a mejorar la resistencia cardiovascular, aumentar la eficiencia del corazón y los pulmones, y promover la quema de grasa como fuente de energía.
Además de los beneficios específicos de cada tipo de ejercicio, el ejercicio regular en general puede ayudar a reducir el riesgo de enfermedades crónicas como enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer. También puede mejorar el estado de ánimo, reducir el estrés, mejorar la calidad del sueño y aumentar la autoestima.
El ejercicio físico regular puede tener un impacto positivo en las condiciones autoinmunes de varias maneras y te traigo los los cinco mecanismos principales por los cuales el ejercicio puede mejorar las enfermedades autoinmunes:
1. Reducción de la inflamación: El ejercicio regular ayuda a regular el sistema inmunológico y reduce la producción de citocinas proinflamatorias, lo que puede disminuir la inflamación crónica asociada con las enfermedades autoinmunes.
2. Mejora del equilibrio hormonal: El ejercicio promueve la liberación de endorfinas y otras hormonas del bienestar, lo que puede ayudar a regular el sistema hormonal y mejorar el estado de ánimo. Esto puede tener un impacto positivo en la gestión del estrés, que a su vez puede influir en la respuesta inmunológica y mejorar los síntomas de las enfermedades autoinmunes.
3. Fortalecimiento del sistema inmunológico: El ejercicio regular puede aumentar la actividad de las células asesinas naturales (NK) y los linfocitos, lo que fortalece el sistema inmunológico y mejora la capacidad del cuerpo para combatir infecciones y regular la respuesta inmunológica anormal.
4. Control del peso corporal: El ejercicio regular ayuda a mantener un peso corporal saludable, lo que puede reducir la carga en las articulaciones y los órganos, mejorar la movilidad y disminuir la presión sobre el sistema inmunológico.
5. Promoción de la salud cardiovascular: El ejercicio aeróbico regular fortalece el corazón y mejora la circulación sanguínea, lo que puede beneficiar a las personas con enfermedades autoinmunes que también están en riesgo de enfermedades cardiovasculares asociadas.
¿Puede una Alimentación Basada en Animales ser una Terapia Alternativa y Efectiva? Sí. Puede.
El consumo prioritario de alimentos de origen animal, se ha utilizado en algunos casos para abordar trastornos autoinmunes. Se cree que su efectividad radica en la eliminación de ciertos compuestos inflamatorios presentes en los alimentos vegetales.
Las toxinas vegetales, los antinutrientes, los carbohidratos, los azúcares agregados, la fibra, los FODMAPS y los aceites vegetales pueden tener un impacto en la inflamación crónica, que se considera uno de los principales factores desencadenantes de las enfermedades autoinmunes.
Al adoptar una dieta carnívora, se evitan estos posibles desencadenantes inflamatorios y se centra la alimentación en proteínas animales, grasas saludables y nutrientes clave presentes en alimentos como carnes, pescados, huevos y productos lácteos (si se toleran).
Pero de esto hablaremos en el Próximo Post …