El patrón común de la enfermedad moderna, caracterizado por desregulación hormonal, estado de inflamación crónica y sobrepeso, puede ser abordado eficazmente al evitar los responsables inmediatos que promueven estos estados metabólicos y fisiológicos alterados.

1. Aceites Vegetales de Semillas (Altamente Procesados)

Los aceites vegetales de semillas (como el aceite de soja, maíz, girasol, entre otros) son ricos en ácidos grasos poliinsaturados, específicamente en omega-6. Aunque algunos omega-6 son esenciales en pequeñas cantidades, el consumo excesivo de estos ácidos grasos provoca un desequilibrio en la proporción de omega-6 a omega-3, lo que puede conducir a un estado proinflamatorio.
Los ácidos grasos poliinsaturados son propensos a la oxidación, lo que produce radicales libres y otros compuestos tóxicos que dañan las células. Esta oxidación crónica se asocia con una mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina y otras enfermedades crónicas. Además, los aceites vegetales promueven la resistencia a la leptina, una hormona clave en la regulación del apetito y el metabolismo.

2. Carbohidratos Refinados

Los carbohidratos refinados, como el azúcar y las harinas procesadas, son altamente glicémicos, lo que significa que elevan rápidamente los niveles de glucosa en sangre. Esto provoca picos frecuentes de insulina, una hormona que, en exceso, promueve el almacenamiento de grasa, favorece la resistencia a la insulina y desregula otras hormonas involucradas en el metabolismo energético. Con el tiempo, este ciclo constante de hiperglucemia e hiperinsulinemia es un precursor de enfermedades como la diabetes tipo 2, el síndrome metabólico y la obesidad.
Además, los picos glucémicos promueven la inflamación a través de mecanismos como la glicosilación avanzada (AGEs), que son productos de la reacción entre azúcares y proteínas que dañan tejidos y promueven la inflamación crónica.

3. Sedentarismo Sistémico

El estilo de vida sedentario afecta profundamente la regulación metabólica y hormonal. La inactividad física reduce la sensibilidad a la insulina y aumenta la resistencia a la insulina, lo que contribuye al aumento de peso, la acumulación de grasa visceral y un estado inflamatorio crónico.
Además, la falta de ejercicio afecta negativamente los niveles de hormonas clave, como la testosterona y el cortisol, empeorando el equilibrio hormonal. El ejercicio regular, por otro lado, mejora la homeostasis glucémica, reduce la inflamación y regula el metabolismo energético.

4. UltraProcesados

Los alimentos ultraprocesados son ricos en azúcares añadidos, aceites vegetales, harinas refinadas y una gran cantidad de aditivos y conservantes. Estos alimentos carecen de nutrientes esenciales, pero son hipercalóricos (para los caloréxicos) y adictivos.
Su consumo constante no solo lleva a una deficiencia nutricional, sino que también altera la microbiota intestinal, un factor crucial en la inflamación sistémica y la regulación hormonal. La disbiosis intestinal causada por ultraprocesados se relaciona con enfermedades como el síndrome del intestino irritable, la depresión, la obesidad y otras enfermedades metabólicas.

5. Azúcar

El azúcar, especialmente en sus formas añadidas (como el jarabe de maíz de alta fructosa), es un factor clave en la desregulación hormonal y la inflamación crónica. El consumo excesivo de azúcar está directamente relacionado con la resistencia a la insulina, el aumento de los triglicéridos y el aumento de la grasa visceral, todos factores que promueven el síndrome metabólico.
Además, el azúcar afecta negativamente la señalización de dopamina en el cerebro, promoviendo el comportamiento adictivo y la sobrealimentación, lo que contribuye al sobrepeso y a un mayor riesgo de enfermedades metabólicas.

Conclusión: El Mejor Abordaje

Para abordar este patrón común de enfermedad moderna, se recomienda:

  • Eliminar o reducir significativamente los aceites vegetales de semillas y priorizar grasas más estables como las grasas saturadas de origen animal o aceites como el de oliva o coco.

  • Limitar el consumo de carbohidratos refinados y centrarse en fuentes de carbohidratos no procesados, como vegetales y algunas frutas.

  • Incorporar actividad física regular, enfocándose en ejercicios que mejoren la resistencia a la insulina y la función cardiovascular.

  • Evitar alimentos ultraprocesados, centrándose en alimentos reales, enteros y mínimamente procesados.

  • Reducir el consumo de azúcar añadido, favoreciendo fuentes naturales de dulzura cuando sea necesario.

Este enfoque no solo ayuda a mejorar el perfil hormonal y reducir la inflamación, sino que también favorece la pérdida de peso y la optimización de la salud metabólica a largo plazo.